Jugar con ellos

Parte del desarrollo integral de cada ser humano es la capacidad de moverse, de saberse vivo y comunicarse a través de su accionar.
Como madre, he tenido la dicha de ser experta en  movimiento y el desarrollo psicomotor, para proveer de momentos de movimiento que generen placer y permitan que mi hija desarrolle sus potencialidades al mismo tiempo que nuestros lazos se intensifican.
Cada niño es un mundo y por eso es importante conocer el ritmo de tu hijo: “es observador”, “es muy movido”, “le gusta cantar”, “disfruta de juegos que lo lleven al límite”. Pues bien tu tarea cómo padre es observar las cualidades de tu pequeño y acompañarlo a recrear pequeños juegos que le ayuden a construirse como ser humano.
Recuerdo vivamente cómo mi hija cuando tenía dos años de edad, disfrutaba el ir de paseo en una gran caja de cartón y cómo esta actividad generó en ella la capacidad de perseverar, trazarse metas, buscar estrategias para tratar por sí misma de entrar a la caja. Una vez dentro de su “brum,brum” de cartón, debía ser paciente y respetar el límite de tiempo impuesto por mi dolor de espalda o el cansancio de su padre, asumir su incapacidad para poder transportarme debido a mi peso y lidiar con su frustración ante esta limitación, así como el disfrutar del trayecto.
Saquemos provecho del juego y las actividades  compartidas que nos hacen crecer como padres e hijos, instaurando a través del placer de jugar lecciones de vida que nos unen.

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